Si eres un gamer o alguien que disfruta demasiado los videojuegos, estoy seguro que en algún momento de tu vida alguien se ha acercado y te ha preguntado que si no te hartan esas cosas, que cuándo vas a madurar y cuándo las vas a dejar. Estos cuestionamientos, en ocasiones, nos hacen preguntarnos si en algún momento debemos deshacernos de nuestras consolas o si ese momento ya pasó o está pasando. Pues hoy les voy a contar mi historia.

Cuando estaba en la secundaria, mis padres me compraron mi primera consola. Recuerdo que era un Xbox, el negro con verde, el primero. Desde ese momento no he dejado de jugar. Después tuve un Xbox 360, el cual cambie por el PlayStation 3 y mi última consola fue el PlayStation 4. Había temporadas en las que jugaba más y otras en las que ni siquiera tocaba el aparato. Por diversas razones, pero cuando la encendía y ponía algún juego, significaba que iba a estar ahí por horas y horas. Generalmente me desvelaba, me iba a dormir a las 2 o 3 de la mañana, incluso había días en los que a la mañana siguiente me despertaba a las ocho de la mañana para seguir jugando.

INFO: X-BOX

Cuando cumplí los 28 años, un conjunto de factores me orillaron a tomar la decisión de dejar por fin los videojuegos. Actualmente tengo 29, así que ya ha pasado un año desde que me deshice de mis preciadas consolas. Comencé a trabajar en una almacenadora en el área de desarrollo industrial, mi trabajo me absorbía mucho tiempo, así que sólo algunas noches las usaba para jugar. Después conocí a alguien con quien empecé a salir, las noches que podía jugar se convirtieron en citas y mi consola no era más que un adorno en mi cuarto. Ya no la usaba para nada. Entonces pensé que un dinerito extra no me caería nada mal para irme de vacaciones y decidí venderlo, con la idea de que ya no volvería a usarlo. La verdad es que fue una decisión difícil al momento de llevarla a cabo, me dolía en lo más profundo de mi alma, pero me puse a pensar en los beneficios que podría tener.

Ya me estaba arrepintiendo de hacerlo, pero recordé para qué iba a ser el dinero, además pensé en lo que me ahorraría al ya no comprar más títulos. Estaba cambiando una forma de recreación por otra. Así que lo vendí, estaba casi seguro de que era el momento ideal para ponerle fin a mi vida como gamer. Pues, tras un año de hacerlo, al parecer fue una buena decisión de la cual ya no me arrepiento. Seguí creciendo laboralmente, mi relación siguió creciendo y también comencé a estudiar un diplomado. Así que ya no había tiempo para los videojuegos, pero esto no significa que también tengas que dejarlo o que en algún momento lo harás. Debes poner en una balanza lo que está sucediendo en tu vida y así conseguir tomar la mejor decisión.

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